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San Isidro: acusaciones cruzadas en la investigación por causas truchas y arreglos con narcos

La causa contra el fiscal Claudio Scapolán, acusado de liderar una asociación ilícita, generó un escándalo en los tribunales de San Isidro.

Fuente: Publicado en Perfil

 

perez casal

El escándalo en la Justicia en San Isidro no se detiene. A la investigación contra el suspendido fiscal Claudio Scapolán, acusado de ser el jefe de una asociación ilícita que gerenciaba el narcotráfico, se sumó ahora una acusación contra Fernado Domínguez, el funcionario que dirige esta causa.

Domínguez imputó a 48 personas, entre ellas el fiscal Scapolán, sus dos secretarios Maximiliano Jarisch y Gustavo Sanvitale y dos jefes policiales, Marcelo Di Rosa y Roberto Adrián Okurzaty. Los acusa como integrantes de una "asociación ilícita" que se quedaba con droga secuestrada en procedimientos contra el narcotráfico y que luego la utilizaba para revenderla, “plantarla” y/o extorsionar a personas ligadas o no al tráfico de drogas, entre los años 2012 y 2015, en los partidos de San Isidro, Morón y San Martín.

"Fiscales como Scapolán hay en todos lados", grafica a PERFIL Juan Manuel Casolati, abogado penalista con sobrada experiencia en el fuero federal y provincial, que interviene en una causa por narcotráfico cuya principal evidencia asegura que es "falsa".

En el caso de Domínguez lo que plantean es que en la acusación contra Gustavo Sancho (60), un empresario sospechado de liderar una poderosa organización con base en el partido de San Martín y estrechos contactos con la Bonaerense, "hubo un encubrimiento de un supuesto narco" y presunta falsificación de pruebas. Esta investigación la manejó el juzgado de Sandra Arroyo Salgado.

La causa contra Sancho se inició en 2014, a partir de una denuncia anónima en la que se refería que era narcotraficante. El empresario fue investigado a fondo, con trabajos de inteligencia, seguimientos, intervenciones telefónicas, instalación de cámaras de vigilancia frente a domicilios y uso de drones.

¿Quién es Sancho? Su nombre apareció en los medios en el año 2011, cuando el padre de Candela Sol Rodríguez, la adolescente secuestrada y asesinada en Hurlingham, lo mencionó en su testimonio. Dos años antes su hijo Alan (piloto de TC Pista) fue raptado en un presunto ajuste de cuentas vinculado al narcotráfico.

Su detención fue parte del Operativo Poseidón, en el que fueron detenidas 16 personas y se secuestraron 45 vehículos, 12 motos, una moto de agua, 135 celulares, 3 lingotes de oro, 285 monedas de oro, joyería y armamento de distinto calibre.

En febrero de 2017, la jueza federal Sandra Arroyo Salgado le concedió la eximición de prisión por falta de pruebas. Sin embargo, un mes después apareció un testigo que declaró bajo reserva de identidad y aseguró que "Sancho es narcotraficante". Dijo que el empresario chaqueño se dedicaba a "importar cocaína en grandes cantidades a través de vuelos clandestinos, que aterrizan en la localidad bonaerense de General Belgrano, en un campo de un lugareño".

Además, apuntó que Sancho estaba vinculado a un cargamento de cocaína incautado tiempo atrás en Paraguay. Como dato relevante aportó que las coordenadas del GPS de la avioneta paraguaya coincidían con las del campo del lugareño que supuestamente trabajaba para Sancho.

A raíz de ello, se pidieron más de 50 allanamientos y se mandó a certificar si la coordenada del GPS del avión daba en el interior del campo indicado por el testigo.

Gendarmería certificó que la coordenada estaba en el interior del campo que se vincularía a Sancho y, sobre la base de estas pruebas (testigo y coordenada), se ordenó la detención y procesamiento de Sancho, en noviembre de 2017.

"Tiempo después nosotros hicimos la pericia y se demostraron dos cosas: primero, que en el campo indicado no se encuentran las coordenadas y, segundo, que esas coordenadas coinciden en realidad con una pista clandestina, de más de 10 kilómetros de largo, que se encuentra afuera de esos campos, en tierras fiscales, a orillas del canal 11", asegura a PERFIL César Albarracín, codefensor de Gustavo Sancho, junto a Casolati.

"Sumamos también que uno de los lugareños de General Belgrano, de nombre Carlos Redolfi, estaba vinculado a una organización narco que usaba esa pista clandestina del canal 11 (causa de Junín 42.727), y que el testigo usado por Domínguez no sólo habría declarado falsamente para perjudicar a Sancho, sino también para proteger a Redolfi, que sería el verdadero responsable de los vuelos y aterrizajes en la pista", señala el letrado.

Los abogados de Sancho hicieron una denuncia penal por posible falso testimonio, pero también por falsedad ideológica del acta de Gendarmería que certificó que la coordenada se encontraba dentro del campo supuestamente vinculado a Sancho. La denuncia se radicó en la Justicia de Dolores, pero el Juzgado declinó competencia en San Isidro.

Domínguez aceptó la competencia, pero archivó la causa con la excusa de que el resultado de la investigación podría beneficiar a Sancho. Finalmente, la Cámara de Apelaciones revocó la decisión, pero el fiscal que ahora investiga a Scapolán volvió a expedirse y se negó nuevamente a instar la acción. El proceso, entonces, se cerró definitivamente.

"Nosotros pensamos que, desde el inicio, se sabía que el testigo era un narco, que ese narco fue protegido a cambio de que ayude a armar prueba falsa contra Sancho y que por eso el fiscal Domínguez se niega a que se investiguen las falsedades", entiende Albarracín.

"Dada los posibles delitos y negativas a investigarlo, hicimos denuncia ante la Comisión Interamericana y, luego del juicio, haremos las denuncias penales a nivel local", adelanta.

Desde la fiscalía federal rechazaron las acusaciones en la causa Sancho y apuntaron que "existen más pruebas" que fundan la acusación contra el empresario, que desde entonces permanece detenido acusad de liderar una de las organizaciones criminales más grandes de San Martín.

"No se trata de un accionar aislado”, entiende Albarracín, sobre las actuaciones de los fiscales. “Parece muy común actualmente, en especial en los procesos en los que existe interés político o mediático. En el caso de Domínguez parece haber acudido a métodos análogos a los que el mismo ha censurado con corrección en otros procesos en el que se investigó la conducta de otros agentes judiciales que actuaban fuera de la ley", destaca.

Casolati, por su parte, asegura que fiscales como Scapolán “negocian con policías armando una red pornográfica”, en las que abren causas contra inocentes para “proteger a los verdaderos narcos”, y resume: “El poder judicial en la provincia de Buenos Aires está prostituido porque negocia con todos los poderes. Los jueces de garantías, que son los garantes, legitiman todo y la mayoría de los casos no llegan a juicio porque los abogados terminan arreglando un abreviado”

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